LUIS DUERME
LUIS DUERME
torreón, martes 20 de septiembre de 2005 ya avanzada la noche.
Esta noche, Luis duerme en un separo.
Terminó mi día y regreso a mi cuarto lo más pronto que puedo para descansar. Al entrar y ver mi cama limpia, con dos almohadas, inmediatamente regresa Luis a mi mente.
Esta noche la pasará en un semisótano, sólo, en uno de los 3 separos que hay ahí. Nadie más estará cerca de el más que el guardia que le asignen.
Trato de imaginar lo que será a estas horas el silencio y la oscuridad en un enorme edificio municipal que le llaman Palacio Federal. Abarca toda una manzana y tiene un gran patio central que se ocupa como estacionamiento. De palacio lo único que tiene es el tamaño por que está tan descuidado y deprimente como casi cualquiera de los edificios de oficinas gubernamentales que conocemos.
En una esquina de ese enorme edificio está el semisótano de los separos. Está Luis.
Por lo menos ahora le tocaron celdas recién construídas, y limpias. Pero esa cama de cemento y azulejo donde hoy duerme, creo que lo hará pensar en la cama que ha dejado vacía en Guatemala. No. No creo que duerma. Lo imagino en este momento echado boca arriba con los brazos en la nuca, y con los ojos bien abiertos en medio de la oscuridad haciéndose muchas preguntas. Mirada al vacío, al infinito, perdida en la oscuridad, perdida en Guatemala… seguramente piensa en su familia, en el platillo favorito que le preparan en su casa en la zona 18 de la capital que es donde que es donde vive.
Seguramente está recordando todo lo que ha pasado y sufrido desde que inició este viaje persiguiendo un sueño… los accidentes que vio en el tren, el atravesar la selva, el caminar y caminar con los pies ampollados, el correr “como conejos” –dijo- para que no los agarrara la migra, el despertar pensando que estaba en su hamaca y darse cuenta que era el movimiento del vagón del tren…
El primer pago fue de 5,000 Quetzales. En un buen día de trabajo podía obtener hasta 40 Quetzales. Los 25,000 restantes los iba a pagar al cruzar con la ayuda de un conocido que tiene allá.
30,000 Quetzales para alguien que gana hasta 40 diarios…
Le dijo a su mamá que “se iba para el norte” y con 2 días de caminata empezó su odisea junto con otros 4 guatemaltecos. Al cruzar la frontera con México, el pollero fue supuestamente detenido por agentes y Luis y sus compañeros escaparon en medio de la noche.
Uno de ellos ya había hecho antes el viaje y se ofrece para guiar al grupo. Deciden continuar y se suben al tren: gigante insaciable que ha cobrado tantas vidas, que ha hecho realidad tantos sueños…
Durante el viaje hay ocasiones en que el grupo tiene que correr o esconderse para evitar vigilantes o policías. Luis decide que no huirá ni se esconderá otra vez. No quiere sentirse criminal o perseguido. Prefiere que lo detengan, pero no sucede así en las siguientes “corretizas” que dan sus compañeros al encontrarse con vigilantes o agentes.
Después ellos le recriminan su decisión, diciéndole que por su culpa los van a agarrar y durante el resto del viaje le racionan la comida que entre todos consiguen y a veces no le tocan más que 2 tortillas.
“No me importó –me dijo-, desde chico estoy acostumbrado a pasarla dura”.
Es de noche y viajan en tren. Luis vigila, los otros duermen. No tiene sueño, la noche parece interminable, parece que nunca cesará el ruido del tren que devora la vía.
Amanece y llegan a una ciudad. Se bajan para cambiar de tren y en lo que llega el siguiente se esconden debajo de un puente. Luis descansa para reponer el sueño.
Están en Torreón.
Se despierta sabe Dios cuanto tiempo después. Sus compañeros se han ido y le han robado el dinero que traía. No hay tren, dinero ni paisanos. Está sólo en un lugar que no conoce, en una ciudad que ni siquiera termina de ubicar que tan cerca o lejos queda de la frontera.
No fue por azares del destino que llegó Luis al Centro de Derechos Humanos hace algunos días, sino por que Jesús-migrante acompaña también a sus hermanos en su camino al otro lado. El está en el sagrario y también caminando en las vías y en la selva, también parece que se le va a salir el corazón con esos latidos tan rápidos cuando tiene que correr para colgarse del tren, también está en ellos…
Lo recibimos y lo escuchamos.
Tenía entonces 3 opciones: Continuar solo, viajar de regreso al DF con un boleto que podíamos ofrecerle y de ahí arreglárselas para llegar a la frontera, o entregarse a Migración para ser deportado a Guatemala.
Tenía mucho miedo de que durante el proceso de ser deportado sufriera algún maltrato. En el Centro tenemos noticias de que esto no sucede, pero ¿Cómo garantizarlo? Era un riesgo que tenía que correr. Yo también temía junto con el ante lo desconocido pero había que presentarle todas las opciones y que el eligiera. Decidió entregarse.
Fui a buscarle a la casa un buen plato de comida, fruta y un refresco y lo acompañe mientras comía antes de hacer la llamada a Migración. Me dijo que cuando su estómago recibía comida de nuevo “sentía como que le volvían las energías”.
Llamamos y nos dijeron que no enviarían ninguna patrulla a recogerlo, sino que el tenía que llegar por su propio pie. Fui entonces a buscar a Adalberto para que nos acompañara. Camino al Palacio Federal yo me preguntaba cómo se sentiría Luis y que vendría pensando. Creía saberlo, pero quería que lo externara y que al compartirlo, se sintiera acompañado. Me dijo que se sentía bien y que no estaba nervioso. No le creí.
El recibimiento por los agentes de Migración fue muy bueno. Quiero pensar que fueron sinceros. Les pedí que me mostraran el separo donde Luis pasaría la noche y accedieron. Mientras, Luis se quedó en la oficina cenando lo que le habían traído.
Se supone que esta noche Luis está bien si a esto se le puede llamar “bien”.
Mañana vamos a ir a visitarlo por que tendrá que esperar unos días antes de iniciar el viaje de regreso. Tiene 26 años y hay quienes lo quieren, lo extrañan, y esperan verlo pronto aunque no saben cuando será ese día ya que no tiene forma de comunicarse con su familia. El tener un teléfono en casa sigue siendo un lujo inalcanzable para muchas familias…
Su rostro refleja esperanza y serenidad que no se de donde saca…
Piensa regresar a Guatemala para trabajar y ahorrar para intentarlo nuevamente.
Efra
(Efra es un gran amigo personal y de la familia, hace poco decidió entrar de religioso y como ven, está feliz)
Velvor

