Espacio de reflexión y comentarios sobre cine, música, política, religión y algo más

3/17/2005

Ejercicio imaginario

IMAGINANDO LO PEOR Por José Manuel Villalpando Invito al amable lector a que haga conmigo un ejercicio de imaginación. Para ello, le pido que me siga paso a paso y que me permita llevarlo en un viaje por el tiempo: Imaginemos que estamos en el momento preciso de la elección presidencial; es más, ubiquémonos en el día previo al que democráticamente, la nación manifestará su voluntad para decidir quien será el presidente de la República. Todo el país está a la expectativa, pues la campaña electoral ha sido no solo efervescente sino hasta angustiante, con no pocos roces y golpes bajos, difamaciones y calumnias entre los contendientes, empeñados todos en conquistar el favor del electorado. Tres han sido los candidatos que han competido en esta elección. Para identificarlos, asignémosle a cada uno de ellos una letra. Tendremos así al candidato A, al candidato B y al candidato C. Digamos ahora que el candidato A es el favorito del presidente de la República en turno; descaradamente, el jefe del ejecutivo ha hecho campaña a favor del candidato A, que es su candidato y el del partido en el poder. Pero no solo eso: se sabe que el candidato A, aprovechando su posición relevante como secretario de estado, ha creado redes de partidarios por toda la nación, financiadas, se dice, con el erario público. ¿Quién es el candidato A? La verdad que es un advenedizo, con pocos años de experiencia política. Ya participó en una elección pero fue derrotado. Sin embargo, al perder, salió ganando porque fue invitado al gabinete presidencial desde donde preparó por largo tiempo su candidatura. El candidato A es de buena y aristocrática familia, su apellido es de abolengo y sus finas maneras y educados modales llaman la atención. El presidente en turno, literalmente, lo adora, y como él no ha podido con el paquete de hacer avanzar al país en esta primera oportunidad de un gobierno democráticamente electo, está seguro que el candidato A si podrá hacerlo, máxime que se trata de un hombre distinguido y con buenas relaciones. Veamos ahora al candidato B. Él es en realidad, un emisario del pasado, representante del régimen aplastado por la voluntad nacional. No oculta su predilección, públicamente reconocida, por las virtudes y bondades que tenía el antiguo orden de cosas. Es más, pregona que solo hombres como él tienen la capacidad y la experiencia de gobernar a este país que necesita de la tutela de gobiernos un tanto autoritarios. Personalmente no vale gran cosa, pero tiene la ventaja de que los hombres que en el pasado gobernaron ya no son nada en el horizonte político mexicano, cartuchos quemados diría en su lenguaje peculiar. El candidato B está orgulloso de su militancia tricolor, seguro de que la enseña patria pertenece por derecho a él y a los que forman su partido, en el que, aunque las disputas internas lo corroen, lograron ponerse de acuerdo para postularlo a la elección presidencial, con la creencia de que el prestigio que les da el llamarse defensores de la independencia y de la soberanía, les atraerá el número de votos suficientes para recuperar el poder y volver triunfantes al palacio para retornar a los modos y costumbres políticas de antaño. El candidato B abomina del presidente en turno, del candidato A y del partido que lo apoya, porque cree que son arribistas que por casualidad se adueñaron de la presidencia de la República, por lo que debe arrojarlos de ella y reconquistarla para quienes se sienten los verdaderos representantes de la nación mexicana. Pero el candidato A y el candidato B tienen algo en común y no solo el hecho de que sus dos respectivos partidos se han entendido más o menos bien en algunos temas de interés nacional: deben vencer al candidato C y a su partido. El candidato C es un hombre con pocas luces, con gran dificultad para hablar, con ideas francamente peligrosas, calificadas de populistas. Dicen sus partidarios que es el ídolo del pueblo, que lo aplaude y lo sigue porque es parte de ellos, porque habla como ellos, porque piensa por ellos, porque sus propias limitaciones lo hacen sentirlo como si fuera de ellos. El candidato C no oculta sus deseos de ser presidente. En un hombre ambicioso que se ha rodeado de las más despreciables figuras políticas, cuyas ideologías son abiertamente contrarias al interés de una nación que acaba de obtener sus derechos y que está aprendiendo a ejercerlos. Los hombres del candidato C tienen además fama de corruptos, de ineptos y de aborrecer a las clases sociales acomodadas. El candidato C amenazó con el estallido social si se le obstruía el acceso a su candidatura presidencial, por lo que, a pesar de que podrían haberlo metido a la cárcel, lo dejaron libre, con la intención de derrotarlo en las urnas. Por su parte, los hombres de su partido, formado esencialmente por tránsfugas de los otros partidos y por viejos luchadores de causas populares, no aceptan transacción alguna: quieren el poder absoluto para imponer sus ideas y para transformar al país conforme al modelo que imperativamente, aseguran, es el que desea la mayor parte de la población, aquella parte formada por los pobres y los desposeídos. Imagine ahora conmigo el amable lector, que llegamos al día de la elección y que al filo de la media noche se dan a conocer los resultados. ¿Quién ganó en este escenario imaginario? Nada más y nada menos que el candidato A, quien obtuvo el 45% de los votos. En segundo lugar quedó el candidato C, con el 35% de los sufragios y por último, el candidato B solo alcanzó el 15%. En el conteo final, un 5% de votos fue anulado. Los resultados son inobjetables y la elección se desarrolló limpiamente. Sería de suponerse entonces, que los candidatos derrotados aceptarían los resultados electorales y que reconocerían de inmediato el triunfo del candidato A. Pero no, y antes al contrario, demostrándonos que este país no ha madurado políticamente y que todavía dependemos de los caprichos de los caudillos. Sigamos con el ejercicio imaginario para ver lo que sucedió después: El candidato B, deprimido, desaparece por completo y sus voceros dicen que no se reconocerá el triunfo del candidato A porque su partido se niega a aceptar la derrota hasta que se hayan resuelto todas las impugnaciones, como si todavía alentaran esperanzas después de la paliza que les dieron en las urnas. En cambio, el candidato C se comporta de manera diferente: de inmediato acusa al candidato A y a su partido de haber hecho fraude electoral y conmina y arenga a sus seguidores a lanzarse a la resistencia civil y luego a la acción directa para impedir que el candidato A se convierta en presidente. Entonces, los partidarios del candidato C se lanzan en efecto a las calles y plazas de las ciudades. Literalmente lo invaden todo ante el estupor de los demás ciudadanos que han sufragado libremente y miran como la autoridad es incapaz de contener la marea humana de la plebe que lo arroya todo a su paso. El candidato C está orgulloso de sus huestes y las exhorta a posesionarse de la capital y a presionar al gobierno, a las autoridades electorales, a las judiciales y al congreso. La plebe se enardece y decide asaltar las tiendas, los centros comerciales, las casas habitación de las familias acomodadas. Para colmo, la fuerza pública, obedeciendo a los amigos del candidato C, se pone del lado de los amotinados y contribuye a la violencia y a los saqueos. El gobierno cede ante la fuerza de los hechos. El candidato A renuncia públicamente a su triunfo, pero el congreso, más asustado aún, declara que su elección fue nula y que el verdadero vencedor de la contienda lo es el candidato C, a quien le entrega la constancia que lo acredita como el próximo presidente de la República. Terminemos con ya con este dantesco ejercicio imaginario. Sepa el lector que estamos hablando del año de 1828 y no del 2006. Le daré algunas claves más: el candidato A es el general Manuel Gómez Pedraza, ministro en el gabinete del presidente Guadalupe Victoria. El candidato B es el general Anastasio Bustamante, antiguo trigarante y continuador de la obra de Iturbide. El candidato C es el general Vicente Guerrero, predilecto de las clases populares y quien se empeñaba en implantar en México las ideas masónicas norteamericanas. La historia narrada es absolutamente cierta: se le conoce como el "motín de la Acordada". Esta fue la manera, ilegal e ilegítima, como Guerrero llegó a la presidencia de la República. Y luego dicen que la historia no puede repetirse. Abogado e historiador historia_circular@yahoo.com.mx

3/05/2005

Entre copas

Entre copas: (Sideways. USA/Hungría)

Director: Alexander Payne Guión: Alexander Payne, Jim Taylor, basados en la novela de Rex Pickett Productores: Michael London Efectos: Terry D. Frazee Música: Rolfe Kent Fotografía: Phedon Papamichael Edición: Kevin Tent Actores: Paul Giamatti, Thomas Haden Church, Virginia Madsen, Sandra Oh, Marylouise Burke, Jessica Hecht, Missy Doty, M.C. Gainey. Género: COMEDIA / DRAMA Duración: 123 min.

Entretenida comedia con tintes de drama en algún momento. Cuenta una semana en la vida de dos amigos muy diferentes entre sí. Ambos rayan los cuarenta años y se conocieron en la universidad, pero uno de ellos, Miles (Paul Giamatti), es un fracasado depresivo escritor-profesor de secundaria que lleva dos años divorciado; el otro, Jack (Thomas Haden Church), es un actor mediocre a punto de casarse y que quiere como último deseo antes de casarse (como si casarse fuera ir camino al patíbulo) pasar una semana lejos de su futura esposa y darle vuelo a la hilacha para buscar una "aventurilla" antes de casarse. La idea de Miles es muy diferente, en su terrible depresión busca desahogarse en un viaje bohemio por los viñedos californianos.

El tema central de la película podría ser "la vida es como el vino". Y a lo largo de la película lo vas comprobando, ¡es cierto! Puede ser tan complicada como la ve Miles y la forma en que se toma tan a pecho la cata de vinos o tan desenfadada y placentera como la ve Jack y su forma de disfrutar del vino. Lo curioso es que ambos extremos son peligrosos. Decisiones y consecuencias, de eso está hecha la vida. Miles y Jack logran entenderlo al conocer a dos mujeres en el viaje.

"El mejor momento de abrir un buen vino es cuando lo abres" y lo mismo pasa en la vida, el mejor momento de disfrutarla es cuando decides hacerlo.

La película goza de un estupendo soundtrack de corte jazzistico que por si solo es un deleite. Las actuaciones son muy buenas (salvo por la esposa de Miles), especialmente la de Paul Giamatti que logra comunicarte la triste sensación y el infierno interno que un hombre acechado por la depresión seguramente debe sufrir. Es una comedia inteligente, por lo que si esperas ver pastelazos ni te acerques pues el ritmo de la película puede resultar cansado para algunas personas.

Y a ti, ¿cómo te gusta tomar el vino?

Mi calificación: 4/5

3/04/2005

Ceguera ciudadana

¿Realmente seremos tan ciegos en esta zoociedad? En esta chilanga ciudad la gente se encuentra tan necesitada de una mejor calidad de vida que se conforma con migajas y lo peor de todo es que de conforma con migajas de mentirita. Sobra decir que no soy admirador del señor López Obrador, nuestro vanagloriado y "vana"criticado jefe de gobierno. Acepto que ha sido un personaje que ha optado por hacer muchas cosas diferentes en cuanto al sistema de gobierno, estoy de acuerdo en que tiene ciertos rasgos de estadista, que es lo que más necesitamos hoy en día como gobierno en la ciudad y en el país, y esos detalles son los que a veces me hacen creer que podría funcionar... pero es imposible querer cerrar los ojos a sus políticas populistas (que diga lo que quiera, pero lo que hace, en mi pueblo, así se llama). No tengo nada en contra de nuestros ancianos... pero, ¿no sería mejor crear una conciencia ciudadana sobre la responsabilidad que tenemos con nuestros abuelos? Acciones que los hagan sentir útiles... ¿qué tal mejorar este apestoso sistema de pensiones con el que contamos? porque, ¿de qué sirve decir que se les da dinero a los adultos mayores, cuando no se les respeta como personas? sino, pregunten a mi mamá que ve a la cantidad de viejitos formados sin una sola silla por más de dos horas esperando a que se les atienda... y solo para recibir unos pesos que sirven para (literalmente) sobrevivir. ¿Qué estamos ya programados para solo decir "mejor eso que nada"? Por el momento, con el dinero de muchos contribuyentes(impuestos), muchos ancianos sobreviven, pero ¿qué pasará cuando sea ya imposible mantener esos pagos? si la siguiente administración decide cambiar la política, nosotros, los futuros ancianos, ¿qué recibiremos? Eso no es, como se le quiera ver, un proyecto a largo plazo. ¿Y qué me dicen de las madres solteras? no podemos generalizar y aquí hay tantísimas historias tan tristes que sería algo absurdo de mi parte juzgar a la ligera y generalizar sin más, pero ¿cuántas otras miles de historias son de irresponsabilidad y ligereza por parte de el tipejo que embaraza a la chava y la misma chava? ¿Qué tipo de responsabilidad se le puede inculcar a los jóvenes, si se les da la opción de cagarla, al fin que el gobierno (o mejor dicho, los contribuyentes) paga su necedad. ¿Cuántos no verán en esa opción como una forma de defraudar al gobierno y vivir como parias? Y una vez más, ¿qué pasará cuando el gobierno no pueda seguir sosteniendo este gasto? Entonces papá gobierno se enfrentará con que el niño pueblo se revelará pues ya cree que lo que empezó como ayuda es obligación. ¿Porqué no apoyar con más fuerza proyectos de educación sexual basados en la RESPONSABILIDAD de los actos y decisiones que tomo? La magna obra de López Obrador ha sido sin duda el segundo piso del periférico, y un buen número de puentes en varias partes de la ciudad, pero principalmente hacia el sur de la ciudad. Que era necesario hacer construcciones, sí. Que las vialidades necesitaban de muchos de estos puentes, también. Que era primordial... no creo. Pior supuesto que las obras son impresionantes, ¡¡¡pero el beneficio es tan relativo!!! Lo dice una persona que ha sufrido desde el principio las construcciones y no ha tenido respiro para disfrutar de los beneficios y solo va viendo que la calidad de vida del lugar en el que vivimos se va deteriorando más. Los autos lejos de disminuir han aumentado, por ejemplo, en donde trabajo, hace apenas un año era facil llegar y encontrar estacionamiento, ahora cada vez es más dificil, teniendo a veces que dejar mi auto a una cuadra de mi estudio. Hace un año de los cinco que estamos en el estudio solo dos teníamos carro, ahora, como creen que las cosas van a mejorar cuando se acaben las construcciones, dos de ellos ya compraron un auto y uno tercero en el próximo mes le dan el suyo. Conclusión: todos estos "beneficios" están incentivando más a usar el auto y no a dejarlo, en una ciudad en la que ya no cabe ni un auto más. Para colmo de males el resto del país llega a tener una idea errónea (claro, no viven aquí) del bienestar de esta ciudad ("¡¡mira!! en el D.F. si están haciendo cosas por la ciudad) y motivan a un éxodo del campo o de estados al interior de la República a la ciudad que tampoco podemos seguir permitiendo. En fin, que esta ciudad probablemente tiene el gobierno que se merece, pues a pesar de todos estos males que estamos viendo (y muchos otros que podría seguir ennumerando), ahora que está tan en boga el tema del desafuero, la gente parece apoyarlo de una forma incondicional y absurda. No se me mal interprete, no deseo que lo desafueren. También creo que el gobierno federal está usando una artimaña política para deshacerse del indeseable en la silla presidencial por parte de muchos grupos políticos. Pero de eso a las pancartas y posters de apoyo absoluto e incondicional que se ve tanto hoy por hoy en las calles es muy diferente. La sociedad en su conjunto no debe permitir que exista un desafuero injusto, pero a la par, debe exigir soluciones reales a los problemas reales de la ciudad y no conformarse con las miserias que recuerdan tanto a un PRI de los finales de los 60's enfocado a ser un gobierno paternalista que deja en la ruina, a la larga, a la población.